Estamos viviendo el surgimiento de un verdadero Universo Videográfico, donde los influencers se comportan como personajes de una narrativa serializada colectiva.
Pasé buena parte de mi domingo viendo contenidos de youtubers, principalmente de influencers que hacen muchas colabs. Pero todavía me incomodan algunas pésimas decisiones de producción (aunque eso forma parte del lenguaje). Lo más relevante, sin embargo, es percibir cómo internet permitió que ocurriera de forma natural el multiprotagonismo que Marvel tardó años y millones de dólares en construir en el cine.
El universo de un fenómeno cultural
Es un fenómeno que nace con internet, pero que el cine supo explotar muy bien con las películas de Marvel: las colabs entre personajes. La única diferencia es que la serie de películas de Marvel se desarrollaba en un universo fantástico de superhéroes.
En la vida real, especialmente en YouTube, tenemos el mismo fenómeno ocurriendo de forma orgánica. Tenemos el canal del vendedor de autos de lujo. Él le vende al influencer del canal de viajes. Este, a su vez, lleva el auto al mecánico del canal de Autos Turbinados, que recomienda a un amigo del canal de pintura y carrocería. Todos, eventualmente, van a un podcast a hablar sobre todo eso en una conversación.
Es el mismo universo videográfico.
Protagonistas y Satélites
Todos ellos son personajes naturalmente carismáticos (o la necesidad los hizo serlo) y aprovechan toda esa vida social para producir contenido para sus respectivos canales de comunicación.
Cada uno de estos personajes actúa como personaje dinámico en la narrativa de cada uno de los otros. Son protagonistas en sus propios canales y, al mismo tiempo, satélites en los canales de los amigos.
Como protagonistas, tendrán sus propios arcos dramáticos en una narrativa continua y serializada (cada video pasa a comportarse como un beat de escena). Siendo satélite, contribuirán al arco dramático del canal del otro protagonista. Esto vuelve la producción dinámica, barata y de éxito exponencial.
Cambiando la rueda del autocarro en movimiento
Al ser un fenómeno audiovisual natural de internet, muchas cosas quedan desalineadas. No estamos hablando de grandes productoras con enormes salas llenas de guionistas pensando en cada línea de cada personaje de cada película. Tampoco de equipos experimentados de producción planificando todo de principio a fin. Mucho menos de cinematógrafos formados en las mejores universidades de cine del mundo.
Muy por el contrario: estamos hablando de personas fuera del universo audiovisual que vieron en internet una forma de impulsar sus negocios y llamaron a un amigo que vio varios tutoriales de cámaras y edición para ser socio.
No hay guion, planificación, ni mucho menos refinamiento en la fotografía. Lo que hay es un registro de la vida sucediendo con un enorme espíritu de “en edición lo resolvemos”. Cuando hay edición. La mayoría de las veces, el contenido se sostiene exclusivamente por el carisma del protagonista del canal.
La paradoja es que, incluso sin guion, sin planificación y sin técnica refinada, estos universos funcionan para sus respectivos públicos (muchas veces mejor que productos audiovisuales carísimos).
Tal vez por eso los críticos de cine y streaming no miran estos canales como deberían: con una mirada crítica de narrativas audiovisuales.
Oportunidad de negocio en universos videográficos
Dicho esto, hay una tendencia de construcción de universos videográficos que conectan empresas e influencers en una gran oportunidad de negocio audiovisual. ¿Quién va a profesionalizar este lenguaje antes de que se desgaste?

