Cómo descubrí la animación 3D y la convertí en una carrera creativa

La animación 3D llegó a mi vida una noche cualquiera entre semana. Me senté frente a la computadora para jugar, pero antes de iniciar el juego, mis ojos se detuvieron en un ícono del escritorio. Ese pequeño detalle cambiaría para siempre el rumbo de mi vida.

Siempre estuve vinculado al arte. Cuando era niño, pasaba horas copiando historietas de Turma da Mônica y estampas de Dragon Ball. Además, en la escuela, junto con mis amigos, creábamos nuestros propios cómics e incluso soñábamos con convertirnos en mangakas en Japón. Sin embargo, pronto comprendí que era solo una dulce ilusión. Mis padres no tenían los recursos para enviarme al otro lado del mundo, y mucho menos para mantenerme allí. Por eso entendí desde muy joven que tendría que trabajar para pagar mis estudios universitarios.

La universidad

Aunque sabía cuál era el camino que quería seguir, tuve que tomar algunos desvíos. Como decía mi padre: “Si no puedes llegar en línea recta, toma los caminos más largos.”

Con ese consejo en mente, ingresé a la carrera de Publicidad y Propaganda en una universidad de una ciudad vecina. En aquel momento, era la carrera que más se acercaba a mis objetivos de vida. Era, por lo tanto, el desvío necesario en mi recorrido. Pero eso no significó que fuera fácil. Fueron cinco años extremadamente exigentes.

Durante los últimos años de la escuela secundaria, ya cargaba con una gran angustia, alimentada por la claustrofobia que el ambiente escolar me provocaba. Esto afectó considerablemente mi rendimiento académico y, debido a ello, ingresé a una universidad privada apenas superando la puntuación mínima exigida. Aun así, nunca me rendí.

No puedo describir cuánto afectó todo aquello a mi autoestima.

Un año antes

Un año antes de comenzar la escuela secundaria, mi hermano, dos años y medio mayor que yo, empezó a trabajar como instructor en una academia de informática. Para enseñar a sus alumnos, instalaba y probaba distintos programas en nuestra computadora.

Entre ellos había un programa de ilustración 3D, muy utilizado en aquella época por directores de comerciales de televisión. Fue precisamente el ícono de ese programa, en el escritorio de la computadora, el que llamó mi atención aquella noche.

En ese instante lo supe con absoluta certeza: quería convertirme en director de películas de animación 3D.

La productora

Desde entonces han ocurrido muchas cosas. El próximo año, mi productora ALUF Pictures cumplirá cinco años produciendo películas institucionales para empresas nacionales e internacionales. Gracias a ello, también logré hacer realidad otro sueño: vivir como nómada digital, recorriendo Brasil y, muy pronto, el mundo.