Una vez escuché a una amiga muy querida decir que debemos celebrar nuestros pequeños logros. Así que hoy logré uno, muy pequeño, pero muy significativo para mí.
Después de algunos años sin escribir, terminé el guion de mi próximo cortometraje, en el que pasé las últimas dos semanas refinando.
Será un drama policial cuya sinopsis y guion podés ver acá.
Fue un trabajo intenso. Refinando día tras día, página por página, escena por escena, y hoy tomé la decisión final. Por lo tanto, estamos listos para la producción.
Cortometraje vs corta minutación
Es un corta minutación. Como me gusta decir.
Cortometraje es un término que viene de la época del cine en película, cuando se medía el film en metros; eran rollos y más rollos de película.
Salvo raras excepciones que ya comenté acá, ya no se usa más la película. Por eso prefiero usar “minutación”, resulta más claro para quienes no están tan familiarizados con las tecnicalidades del cine.
Es más práctico y fácil para que las personas entiendan que se trata de una película de pocos minutos.
Cuando escribimos guiones, tenemos una métrica: cada página corresponde a un minuto de película.
Hoy terminé de escribir diez páginas, lo que equivaldría a diez minutos de película producida.
Fácil para vos, difícil para mí
Comencé mi carrera trabajando con casamientos, produciendo reportajes en video de fiestas infantiles, quince años y matrimonios.
Pronto me di cuenta de que mi vocación era dirigir películas, contar mis propias historias y, claro, sin imaginar que sería un proceso tan complicado.
Pero en esa época no me sentía capaz de escribir una historia simple, mucho menos compleja. Al final, esa percepción perjudicó bastante mi proceso de evolución en el audiovisual.
Una película de larga minutación tiene como mínimo 90 minutos de narrativa. Son 90 páginas de una historia autoral. Para vos puede parecer algo simple; para mí era casi imposible. Y todavía está un poco distante.
Además, siempre fui más visual; siempre estuve más estimulado por imágenes que por sonidos o palabras.
Traducir lo que surge en forma de imágenes y sensaciones en mi cabeza a palabras, para volcarlas en un guion, siempre fue muy difícil.
Hasta hoy, cuando leo, retengo más la esencia de lo que se dice que las palabras en sí.
El rap y la poesía siempre fueron tortuosos para mí.
El poder del hábito
Hace algunos años leí un libro llamado El poder del hábito, que explicaba cómo funciona nuestra mente en relación con los hábitos y cómo moldearlos a nuestro favor.
Para adquirir un nuevo hábito, es necesario forzarse a hacer algo nuevo durante tres meses. La pregunta es: ¿cómo desarrollar esa disciplina para algo nuevo?
La respuesta es un gran objetivo, una meta casi difícil de alcanzar, pero que te obligue a cambiar toda tu rutina y orientar toda tu vida hacia ese objetivo. En el proceso, adquirís nuevos hábitos.
Mi estrella del norte
Cuando lo leí hace tres años, me propuse lanzar un largometraje. Y eso cambió todo mi comportamiento. Empecé a leer más, compré un cuaderno de bolsillo para anotar historias que escuchaba de amigos y comencé a disciplinarme mejor para poder alcanzar ese objetivo.
Fue un proceso mucho más complicado de lo que esperaba. Estudié otras áreas del cine, principalmente el mercado, porque quería generar ingresos con mis películas. Incluso llegué a desarrollar un plan de negocios.
Hoy logré escribir una historia compleja, de diez páginas, densa. Es un ciclo que se cierra en dirección a mis objetivos.

