Durante los últimos meses me he aventurado en un territorio nuevo dentro de la fotografía: la cobertura de eventos deportivos. La idea surgió tanto por necesidad como por practicidad. Como Cineasta Mochilero, he estado buscando formas más móviles de generar ingresos, algo que pueda acompañar mis viajes y ayudar a financiar el equipo que utilizo en el camino. La cámara que llevo conmigo hoy, por ejemplo, todavía la estoy pagando.
Comencé a trabajar con plataformas especializadas en la venta de fotografías deportivas, principalmente FOTOP y Foco Radical. El concepto parecía sencillo: fotografiar los eventos, subir las imágenes a la plataforma y permitir que los propios atletas encontraran sus fotografías —generalmente mediante reconocimiento facial— y compraran aquellas que más les gustaran.
En teoría, sonaba perfecto.
En la práctica, no tanto.

La frustración es parte del proceso
Ayer fotografié otro evento deportivo más. Hasta el momento en que escribo este artículo, no he realizado ni una sola venta.
Es decepcionante. Incluso frustrante.
Los partidos de baloncesto, en particular, no han resultado rentables para mí. El tiempo invertido, los desplazamientos, el proceso de selección de imágenes y el trabajo de posproducción no siempre se traducen en un retorno financiero.
Quizás creé expectativas poco realistas. Quizás estoy aprendiendo, de la manera más difícil posible, que la fotografía deportiva no consiste únicamente en tomar buenas fotografías.
Existe una dimensión comercial que todavía estoy tratando de desarrollar.
El fotógrafo y el vendedor
Mi mayor debilidad en este contexto puede ser mi dificultad para acercarme a potenciales compradores.
Siempre imaginé que el proceso ideal sería llegar al evento, hacer mi trabajo con excelencia, subir las fotografías a la plataforma, regresar a casa con tranquilidad y ver cómo el dinero aparecía automáticamente en mi cuenta.
Pero las cosas rara vez funcionan así.
Existe una diferencia entre crear algo de calidad y ser capaz de venderlo. Y aunque admiro profundamente las dimensiones artísticas y documentales de la fotografía, me estoy dando cuenta de que necesitaré desarrollar una mentalidad más comercial si quiero sostener mis viajes y seguir creando.
Y sí, quiero seguir haciéndolo.

El riesgo de convertir las pasiones en profesiones
No es la primera vez que paso por algo así.
Hace años hice la misma transición con la animación 3D. Lo que comenzó como una vía de escape durante mis años escolares terminó convirtiéndose en mi profesión. Entré a la universidad soñando con trabajar en la producción de películas animadas, inspirado por los grandes estudios del entretenimiento.
Pero en el mercado real, la publicidad suele ser el camino más accesible para quienes recién comienzan.
Logré trabajar con clientes nacionales e internacionales. Gané dinero con ello. No lo suficiente. Y, durante ese proceso, me di cuenta de que había perdido parte del encanto que alguna vez sentí por la propia animación.
En parte por la naturaleza del mercado y en parte por las expectativas que había creado para mí mismo.
Espero recuperar esa chispa algún día. Sigo admirando profundamente esta forma de arte y continúo creyendo en el valor del trabajo digital artesanal.

La fotografía como un reencuentro conmigo mismo
La fotografía volvió a mi vida en un momento en el que necesitaba reconectar conmigo mismo.
Hubo un período en el que me desconecté de casi todo, incluida la fotografía. Vendí mi antigua Nikon D7200 y pasé casi dos años sin una cámara profesional en mis manos.
Fue durante mi viaje como mochilero por el sur de Brasil cuando comencé a redescubrir esa manera de mirar.
Sin grandes compromisos, empecé a documentar paisajes, personas y pequeñas historias de la vida cotidiana. Continué produciendo proyectos a través de ALUF Pictures, pero esos videos dejaron de ser simples productos audiovisuales. Se transformaron en recuerdos de viaje.
Más tarde, dieron origen al proyecto Cineasta Mochilero.
Y ese es el camino que pretendo seguir recorriendo en los viajes que vendrán.

No todos los deportes son iguales
Durante los últimos dos meses he estado cubriendo diferentes disciplinas deportivas aquí en mi región.
En CrossFit, los resultados financieros han sido bastante positivos. Quizás porque viví intensamente dentro de ese entorno durante dos años de mi vida. Comprendo su dinámica, conozco a las personas y puedo anticipar los momentos importantes de la competencia.
Con las carreras de calle y, especialmente, con el baloncesto, he enfrentado mayores desafíos.
Esto me enseñó algo importante: no basta con disfrutar tomando fotografías. Es necesario comprender profundamente la comunidad que se está documentando.
Las fotografías que se venden no son necesariamente las más sofisticadas desde el punto de vista técnico. Con mucha frecuencia, son aquellas imágenes que poseen un significado emocional para quienes vivieron ese momento.
Documentar sigue siendo mi instinto
Siempre que fotografío un evento deportivo, automáticamente entro en modo documental.
No estoy simplemente buscando la imagen más hermosa.
Busco la fotografía que cuente la historia de ese encuentro: la mirada concentrada antes de la competencia, la celebración inesperada, el agotamiento reflejado en el rostro de alguien después del pitido final.
Quizás por eso sigo insistiendo.
En el fondo, mi interés nunca fue puramente comercial.
Siempre he creído que documentar a las personas en momentos de esfuerzo, celebración y superación tiene un valor que va más allá de la ganancia económica.

Pero el dinero también tiene que entrar
Al mismo tiempo, necesito enfrentar una realidad muy práctica: las cuentas deben pagarse.
Sigo trabajando con clientes a través de ALUF Pictures, aunque con menos intensidad que antes, especialmente debido a mis propias decisiones profesionales y a mi deseo de preservar un enfoque más artesanal dentro de la producción audiovisual.
La fotografía deportiva surgió precisamente como una alternativa de ingresos más flexible, alineada con el estilo de vida que he estado construyendo.
Todavía estoy aprendiendo.
Aprendiendo sobre el mercado. Sobre las ventas. Sobre las expectativas. Sobre las diferencias entre pasión y profesión.
Y quizás esa sea la mayor lección de toda esta experiencia.
Seguir adelante
El próximo mes volveré a la carretera.
Nuevos destinos, nuevas historias y probablemente nuevos intentos por descubrir maneras sostenibles de financiar este viaje como Cineasta Mochilero.
No sé si la fotografía deportiva se convertirá en una fuente constante de ingresos para mí. Tal vez sí. Tal vez no.
Pero, independientemente del resultado financiero, ya me ha enseñado algo valioso.
Ganarse la vida a través del arte requiere sensibilidad para crear, disciplina para persistir y humildad para reconocer que todavía queda mucho por aprender.
Incluso sobre las ventas.



